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Una tarde inolvidable

Hablar de memoria a partir de cierta edad no deja de ser un riesgo. Aún así creo que fue Heinrich Böll quien, en ‘Opiniones de un payaso’, venía a decir que por felicidad no entendía nada que durase más allá de unos cuantos segundos. Sin llegar a tal extremo sí es verdad que la vida está confeccionada de momentos que, con el tiempo, ya sea por su dicha o por su amargura, se quedan enredados por siempre en la memoria. A principios de este mes de noviembre de 2010 en el que escribo estas líneas viví una de esas tardes gozosas que forman parte por derecho propio de esos tesoros destinados a pervivir entre los mejores recuerdos. Ese día dos amigos, el bien más preciado que tiene uno, prestaron su voz para dar cuerpo y alma a algunos pasajes de mi novela ‘Fundido en negro’. Ana de Lima y mi hermano Chete Lera nos emocionaron a quienes tuvimos la suerte de estar allí. Mi  otro hermano Justo Lera, porque muchas veces la amistad está por encima de los designios de la sangre, se encargó de las pinceladas musicales y, entre los tres, se encargaron de que, aunque existiese la eternidad, seguro que me faltaban días para dar las gracias por sentirme un tipo tan privilegiado. Esto fue lo que salió de esa inolvidable tarde de noviembre.

a dos voces

{mp3}fundido{/mp3}

No me resisto a colgar como ‘bonus’ esta versión que, de manera tan improvisada que se grabó en un pasillo aprovechando que había cerca una guitarra, surgió también entre los tres y que, excuso decir, que para mi ya es la más maravillosa de una canción que ya de por sí lo era.

{mp3}Sapo_cancionero_mp3{/mp3}
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