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posada

Un gilipollas para servirle

Yo pensaba, tonto de mí, y nunca mejor dicho, que era un tipo medio resuelto y espabilado. Sin embargo me rindo. Si tanta gente, tantas veces y con tanta frecuencia me toma por gilipollas es que algo en mi intelecto es manifiestamente mejorable. Son tantas las pruebas que nos manda el Señor que me limitaré a un par de ellas por su cercanía temporal. Una la postura farruca del presidente del Congreso cuando se le insinúa que (si eso y, por supuesto si no es molestia) nos aclaren si con nuestro dinero sus señorías van a legislar o a echar un kiki.

Yo, puesto a elegir, prefiero lo segundo aunque precisara un tutorial para refrescar la memoria, pero, y de ahí mi pequeña reticencia, lo de sufragar la travesía de terceros para estos menesteres lo llevo peor. Llámeme raro, señor Posada. Por lo visto al bueno de don Jesús, una manera de hablar, casi le ha ofendido que se quiera controlar el dispendio. Sólo se les ocurre a los contribuyentes de la Hacienda Pública, es decir a quienes sueltan la mosca, exigir que encima que pagan les digan en qué se lo gastan. Hasta ahí podíamos llegar ¿Qué somos? ¿Acaso suecos? “Esto no es un colegio”, ha ejemplificado el señor presidente.

Lo deja caer para que se dé por hecho que los diputados y senadores ya son mayorcitos y responsables. Por supuesto, la experiencia así lo dicta. De hecho, acabo de ver que dos concejales del mismo partido que él están bajo investigación por gastarse a cargo de las arcas del consistorio más de siete mil euros en móviles y en un abono a Sexy TV. Por el nombre debe ser un canal temático de iniciativas municipales. Ha llovido tanto que los ofendidos somos nosotros o sea que grandilocuencias las mínimas, señor Posada. Lo grave no es la sospecha sobre el destino del dinero de los viajes. Siéndolo a mí me lo parece aún más que el gasto injustificado en estas cosas esté amparado por la normativa vigente. Si siempre ha sido así, malo. Si no se cambia, peor ¿Todavía no se han dado cuenta de que ya nada es igual? Es, obviamente, una pregunta retórica.

En todo caso nada comparado con la retórica, devenida en 'performance', usada por la paladina de la lucha contra la corrupción. No hay gobierno que cobijara más cantidad de ella que el suyo, pero eso, lejos de arredrarla -que arrojo para eso y más hay que reconocer a Aguirre- le ha dado fuerzas para ejercer magisterio sobre la pureza y la honestidad política. Viendo pasar sin que se enterase la Gürtel o los trinques de Paquito Granados, su mano derecha pues la otra es la que debía usar para llevárselo crudo a Suiza, no se le ha ocurrido otra cosa que empezar a combatir el mal con un ‘reality show’. Un jurado, con las cámaras delante, faltaría más, examina a una candidata a alcaldesa del PP antes de colmar sus aspiraciones ¿No es ejemplar? ¿No es hasta emocionante vibrar con las dudas que pueda tener la militante sobre si tiene una casa o dos o un apartamento en Denia o Torrevieja? Deseando estoy ver Telemadrid que, seguro que esto sí, lo emite en directo.  

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