
Aznar, qué bueno soy y qué culito tengo
Negar las virtudes de Aznar serÃa una necedad. Por ejemplo esa capacidad cuasi mágica que tiene para que, después de oÃrle anoche, hasta te caiga bien Rajoy. Le ha dejado al presidente del Gobierno tan desarmado que si antes comparecÃa poco aunque fuese por plasma, a partir de ahora lo tendrá que hacer con verduguillo y con la voz distorsionada. A ver quién es el valiente que pide en el Congreso lealtad institucional a la oposición cuando dentro de tu propia casa te dan hostias como panes hasta en el paladar.
Entre los mandamientos no escritos de la democracia deberÃa estar no pronunciar su nombre en vano. Más en un paÃs que durante casi cuarenta años vivió sometido al yugo de una implacable dictadura. Demasiada sangre y dolor sobre sus cimientos para que cualquiera, por muy presidente que sea, la invoque con tanta grandilocuencia en la palabra como oquedad en los hechos. 








